Súbanse al andén, el tren no espera a los pasajeros que llegan tarde, sólo quiere llegar a destino. Los boletos cortados, regados en el piso esperan el arreo del señor de la limpieza.
El vapor de la locomotora llega hasta el techo y no se detiene, se escapa por el tragaluz.
Todos caminan ordenadamente sin empujarse, pidiéndose constantemente permiso, cediendo el paso los caballeros a las damas.
El tren, detenido es abordado por una marea constante que sólo quiere que el viaje comience. Están ansiosos. ¡Cómo no estarlo! No todos los días tienen la oportunidad de hacer un viaje al mundo.
Es esta una ocasión tan importante que hace que los pasajeros no recuerden cuáles eran sus valijas, se olviden de enviar sus cartas de hasta luego, no cambien los mensajes en su contestador y dejen las flores en los jarrones centrales de sus mesas del estar.
Así que salen, viven su gran aventura y regresan a una casa llena de mensajes enojados de familiares y amigos que pasaron días tratando de contactarlos en vano y pétalos muertos regados en la mesa de la cena.
Y así es que luego se pasan días quitando los enojos con disculpas y el olor de la casa con flores nuevas.
Es que es una aventura tan excitante. ¡Es un tren que va al mundo! No otras aburridas vacaciones en la playa, no otra ronda de limón y miel de caña, pero el mundo. Conocer el mundo del que tantos hablan y tan pocos han visto.
Vuelven sin ganas de hablar del viaje. Y es comprensible. ¿Quién está en condiciones de un acto discursivo después de haber visto el mundo? Y todos llegan tan exhaustos, que terminan pidiendo a sus vecinos que repartan los recuerdos que trajeron, porque sólo quieren echarse a dormir, es que no se duerme igual en casa que en el mundo. Las luces del mundo brillan a través de sus párpados, y entonces siempre es de día. ¡Y los sonidos! Quieren absorber todos los sonidos del mundo porque saben que la fortuna que tuvieron de poder viajar no se volverá a presentar.
Pero no extrañarán el mundo. Porque pueden adaptarse a todo y porque saben que es una aventura. Toda una aventura y no más que una aventura. Así que salen emocionados, pero no le quitan el lugar a nadie. Ni corren. Ni se empujan. Porque el viaje terminará y tendrán que volver a la vida que comparten con los demás que transitan por el andén.
